“Holy Motors”

“Holy Motors” 2012 Dir. Leos Carax FRA-ALE

LA MATE POR QUE LA QUERIA

Perdido en una espesa nebulosa de sensaciones, gracias a la bizarra última obra del francés Leos Carax, me asaltan, una serie de preguntas, no tanto, sobre la particular “Holy Motors” en sí, sino cuestionando, la fama, premios y repercusión que este extraño film está obteniendo en su recorrido por festivales y carteleras de todo el mundo.

Con sentimientos encontrados varios, y poco de acuerdo, con la enorme cantidad de elogios que recibió esta cinta, descubrí, con asombro, en casi el total de las opiniones, a un montón de gente, desorientada, confundida, que cataloga la cinta de insoportable, que dice no haber entendido nada o que admite haber sufrido para terminar de verla, pero que, curiosamente, ¿¡la considera la mejor película del año!? 

Ojo, yo también sufro este extraño mal que nos hace amar los productos raros y bizarros pero de amarla a postularla como la mejor del año creo que hay un buen trecho.

Entre las razones que circulan por ahí, todo se basa en que la película es libre, extraña, loca, en que Carax hace lo que le da la gana, en lo riesgoso de la propuesta, en qué propone una alternativa al cine mainstream, etc, etc.

No niego estos valores, ni otras virtudes, pero catalogarlo, de genialidad u obra maestra, por ser un producto artístico arriesgado, o inclasificable me parece excesivo.

La libertad con la que está hecha, es notable, ya que, conseguir financiación, producir y lograr distribución con una obra tan poco comercial, y en un momento donde el avance de los medios digitales, la piratería y las diferentes crisis económicas han hecho estragos en la producción cinematográfica, es una tarea casi imposible, pero el merito y el riesgo en este caso, ¿no es más atribuible a los productores de la cinta que al propio director quien ya es conocido por sus extraños y costosos films?

Otra cosa que me desconcertó bastante, es que dicho título ganara por ejemplo, el premio a la mejor película en el festival de Sitges. Si revisamos la lista de las cintas premiadas en este certamen, en los últimos diez años; (2011) Red State, (2010) Rare Exports: A Christmas Tale, (2009) Moon¸ (2008) Surveillance, (2007) The Fall, (2006) Hard Candy, (2005) Oldboy, (2004) Zatōichi, podremos notar una línea coherente de elección donde se premian films en los que prima una idea muy fresca y creativa, bastante loca, pero donde la narración es habitualmente algo más clásica o académica ¿Holy Motors que pinta aquí? ¿No es más carne de festivales donde se valora la autoría y lo intelectual por encima de lo fantástico?

La cinta, visualmente impactante, denota cierto amor puro por el cine y atraviesa casi todos los géneros cinematográficos (a veces parodiándolos), pero lo disperso y alocado de su narración, no ayuda a transmitir, ni permite profundizar ninguna de las ideas que parecería plantear (¿la vida es una película? ¿Todos somos actores en esta vida?) Haciendo que todo luzca un poco vacio o porque si. El propio director reconoce que el guion es producto de un montón de historias sueltas que tenia por ahí.

A pesar de los pesares y todo lo dicho, debo reconocer que la sensación final, no es del todo negativa (maldita sea!), gracias al poder visual de Carax junto a la directora de fotografía Caroline Champetier y al tour de force que realiza Denis Levnat, actor fetiche del director (Mala sangre, Chico conoce chica, Los amantes del Pont-Neuf, Tokyo!) encargado de llevar a cabo, nueve diferentes papeles e interpretaciones para cada una de las historias que conforman la película.

Así es este film, así es el arte, y así es el hombre, una contradicción en sí mismo, y menos mal que es así, aunque yo a veces odie tanto amar lo que odio.